El invierno en su sitio: ¿por qué las vacaciones de invierno deben volver a julio?
- Carlos Zurita R.

- hace 9 minutos
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Por Profesora Alejandra Farfán
En las últimas temporadas escolares, el calendario escolar ha sufrido un desfase silencioso entre la planificación administrativa y la realidad de nuestro clima. Con el fin de anticiparse al punto crítico de contagios por virus respiratorios, las autoridades optaron realizar un cambio administrativo. Sin embargo, la vivencia en las aulas y los centros de salud obliga a preguntarnos: ¿estamos protegiendo realmente a nuestras comunidades o solo desplazando el problema?
Desde la medicina, la infectología advierte sobre un "efecto rebote": si las vacaciones ocurren en junio, los estudiantes regresan a clases a comienzos de julio, coincidiendo de lleno con el periodo de temperaturas más bajas y la circulación de cepas secundarias como Influenza A y B. En aulas con escasa ventilación por el frío polar, el contagio se multiplica.
A esto se suma la realidad de la emergencia climática. Hoy el invierno no trae solo días fríos, sino ríos atmosféricos, temporales concentrados y heladas históricas que golpean con fuerza precisamente en julio. Mantener a niñas, niños y jóvenes en salas con infraestructura y aislamiento térmico deficientes —muchas veces con ropa húmeda o bajo suspensiones de clases "de emergencia"— deteriora su salud física, su bienestar mental y destruye la continuidad del aprendizaje.
La evidencia recopilada sugiere que la política de adelantar las vacaciones de invierno a junio, si bien nació con una justificación epidemiológica válida, genera un desfase multifactorial con el contexto social, climático y educativo del país. Salud, infraestructura y educación no pueden analizarse de forma aislada, la efectividad de la barrera sanitaria disminuye si el reingreso escolar coincide con las semanas de menor temperatura y peor ventilación del año.
Hoy desde las comunidades educativas hasta los gremios regionales, el diagnóstico es transversal, el calendario escolar no puede seguir fijándose a ciegas sin considerar la realidad climática ni la diversidad del territorio. La equidad educativa se ve resentida al someter a los establecimientos con mayor vulnerabilidad de infraestructura a operar en condiciones térmicas precarias.
Sincronizar las vacaciones con la realidad climática no es un capricho: es una medida de cuidado integral. Proteger la salud física, mental y educativa de los estudiantes exige resguardarlos cuando el invierno realmente afecta: en el corazón de julio.
El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura del Centro de Investigación Científica Educativa CICE.


