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La ciencia no se apaga: Investigar en Chile entre precarización y desconocimiento

Por Francisca Mann V.

Con ciencia, sin recursos. Así se investiga en Chile

Hay un vacío enorme en cómo la sociedad entiende qué hace un científico. En redes sociales abunda el "los científicos no quieren que sepas esto", seguido de desinformación presentada como revelación, como si el conocimiento fuera un secreto guardado con recelo mientras el científico real es invisible y amaría decirte en que está trabajando y como eso nos puede ayudar.


Cuando le digo a la gente que soy bióloga son pocos los que entienden que me dedico a la investigación, son muchos los que piensan que hago clases. Y si bien el enseñar es un trabajo sumamente importante es peligroso encasillar a todo científico en eso nada más por desconocer toda la diversidad de trabajos que tomamos, de deberes y responsabilidades. ¿Qué es el científico en el imaginario colectivo? Son pocos los que en la vida me han mencionado la investigación como área de trabajo, y son menos los que entienden lo que hago. Como chiste menciono que, al estar en el doctorado, soy una "estudiante profesional", porque me pagan por estudiar. Pero eso es solo un chiste dicho entre risas para no tener que dar una larga explicación de lo que significa la investigación (a cualquier nivel, ya sea en el pregrado, posgrado o como asistente de laboratorio). Ahora miro para atrás y me reto a mí misma: tendría que haberlo explicado.

En Chile se hace ciencia de calidad. Y se hace con casi nada.


La inversión en investigación y desarrollo lleva más de una década estancada, oscilando entre el 0,33% y el 0,41% del PIB, una cifra que recién en 2023 superó por primera vez ese techo histórico, aunque eso no significa mucho cuando el promedio de los países de la OCDE supera el 2,6%. Nos encanta llamarnos un país desarrollado cuando los países en los que pensamos invierten entre tres a diez veces más (Alemania 3.1% y Corea del sur 5.13% de su PIB).


Con ese presupuesto, los investigadores chilenos saltamos de laboratorio en laboratorio “me prestas el vortex/centrífuga/microscopio” “¿a alguien le sobra algún reactivo?” se han vuelto frases demasiado comunes para un trabajo que muchos piensan (equivocadamente) es de élite y mucho dinero. Postulamos a fondos concursables donde la tasa de adjudicación es brutalmente baja, y nos vemos obligados a recurrir a becas internacionales porque con lo que se gana con el estado no alcanza a nuevos equipos, su mantención y mucho menos para sueldos que reflejen el trabajo que muchas veces termina a altas horas de la madrugada.


Y además justo se filtra el oficio del Ministerio de Hacienda que recomienda recortar en un 30% el presupuesto del Ministerio de Ciencia para 2027. Eliminar once programas estratégicos: las becas de postgrado en Chile y en el extranjero, la Iniciativa Científica Milenio, los Centros de Excelencia, el Programa de Investigación Asociativa, los programas de inserción de investigadores, los nodos territoriales, los fondos de publicación científica y la cooperación internacional. Se prenden las alarmas y sale el ministro de hacienda a justificar, que "descontinuar" no significaba recortar, que no se refería a eso. Curioso error el que afecta a científicos y al desarrollo nacional pero más curioso que quien tome estas decisiones no comprenda cómo funciona la ciencia, y así mismo decida desmantelarla.


La ciencia no es una ampolleta que se encienda y se apague dependiendo de cuanto sale la luz ese mes. Es capital humano que tarda años en formarse. Es una bioquímica que tardó cinco años en dominar una técnica. Un laboratorio que necesita años de datos continuos para producir resultados. Es una generación de doctores, magísteres y estudiantes que sin becas no pueden continuar su investigación, su oficio que les da de comer. El daño no dura “unos años”, es acumulativo y me atrevo a decir irreversible.

A Chile no le sobran científicos, por cada mil personas solo 1,1 son investigadores y si nos comparamos frente a un promedio OCDE de 9,2 estamos muy por detrás.


Cuando digo que somos "estudiantes profesionales", lo digo en broma. Pero lo que no tiene nada de gracioso es que esa broma refleje una triste realidad, muchos investigadores son profesionales precarizados, con bajos sueldos, muchas veces con más de un trabajo y que gracias a ellos se genera conocimiento que lleva al desarrollo del país e incluso a nivel mundial. Se ve como una forma de justificar un sueldo sin preguntarse qué produce esa persona, qué problema está intentando resolver, qué país estamos construyendo con o sin ella.


Los científicos chilenos generamos conocimiento sobre nuestros propios recursos naturales, nuestras enfermedades, nuestros ecosistemas, nuestra historia. Investigamos nuestros salares, el cambio global que ya está afectando nuestra agricultura y a nuestra biodiversidad, los virus que circulan entre nuestra población. Eso no lo va a hacer ningún laboratorio extranjero por nosotros, y si lo hace, créanme que nosotros no seremos los primeros beneficiados.


Entender el quehacer científico nos muestra el camino al país que queremos ser. Uno que consume conocimiento generado afuera y exporta materias primas, o uno que tiene la capacidad de comprender su propia realidad y actuar sobre ella. Esa diferencia no se construye de la noche a la mañana. Se construye financiando becas, laboratorios, centros de investigación, carreras científicas. Todo lo que ahora se propone recortar. El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura del Centro de Investigación Científica Educativa CICE.

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